Yo no soy ambientalista, pero me doy cuenta que el planeta tiene todo lo que necesitábamos para vivir en armonía. No, este no es el clásico rant del tipo New Wave. El planeta nos dio todo, esta es solamente una observación bastante obvia, dado que si no nos lo hubiera dado, no estaríamos aquí y hace tiempo nos hubiéramos extinguido como especie.
Y hoy me puse a pensar, como fue que pasamos de vivir en el campo, mirando el sol, o en la playa con los pies en el mar a un restrictivo horario de oficina, para luego llegar a casa (luego de pelear con el tránsito) “muertos” en un sentido no tan figurativo como parece. Piénsalo, imagina la playa, tus pies en el agua, tal vez sacando una balsa para ir a pescar el almuerzo del día. Y ahora piensa en tu oficina, en tu trabajo, mira tu vida. ¿Cómo fue que todo salió tan mal?
Yo tengo suerte de trabajar en casa. Y tengo la suerte de tener pasión por la música. Y tengo la suerte de que mi trabajo también me apasiona. Eso no me excluye del tema. ¿Cómo es que terminamos en una sociedad en la que la seguridad económica es más valorada que la felicidad? O peor aún, ¿Cuándo se volvió esto lo normal?
Cada vez que trato de llegar a una respuesta llego a lo mismo: La invención de la moneda. Quise investigar un poco acerca del tema y me encontré con dos teorías: Una es que el dinero se inventó para reemplazar el trueque. Básicamente en vez de intercambiar bienes, intercambiamos moneda. La otra teoría habla de que se inventó a manera de cuantificar los intercambios como el de la mita, en la que había una deuda de favor haca la sociedad. Con la moneda podías saber cuánto “favor” debías.
El camino al infierno está hecho de buenas intenciones. Inicialmente la moneda se crea como una manera de simplificar las cosas, pero de pronto, tenemos una forma de amasar mucho más de lo que necesitamos. Mucho más de lo que podríamos necesitar el resto de nuestra vida. Tenemos es mucho decir. Tienen algunas pocas personas en el mundo. Los demás (y en general esto pasa a todos los niveles supongo) vivimos tratando de equilibrar un poco la balanza.
¿Cómo se traduce esto el día de hoy? Se traduce en nuestras ganas de ganar más en vez de trabajar menos. Se traduce en el stress que nos causa cumplir tiempos de entrega ridículos mientras que la falta de un contacto real con la naturaleza (incluidos otros seres humanos) nos tiene sin cuidado. Se traduce en que hoy el día se pinta como para ir a la playa, pero lo estás mirando a través de tu ventana del veinteavo piso de un edificio en San Isidro, en donde trabajas 8 horas diarias haciendo más dinero para otro que el que haces para ti. Agrandando esa gran deuda que es la que te tiene así en primer lugar.
Yo no soy un ambientalista, ni un hippie. No soy de los que cree en una conexión mística entre el hombre y la tierra. Creo en una conexión natural entre el hombre como ser vivo y el planeta donde evolucionó. Creo que cuando morimos sólo dejamos de existir. Creo en todo lo que mis ojos me muestran y todo aquello que puedo observar indirectamente como cualquier otra persona inteligente. No creo en Dios (de hecho últimamente me parece un concepto aberrante), mucho menos en una religión que te plantea que vivas tranquilo mientras todo esto pasa frente a tus ojos. Y por todo eso en lo que creo, no puedo permitirme aceptar esa desconexión. No puedo permitirme postergar disfrutar de mi vida, sabiendo que no hay más cuando se acabe. Por todo eso en lo que creo, y con su permiso, me voy a la playa a meter los pies al mar.